← Volver al blog

Crónicas de carrera

1 min de lectura

No fue el arcoíris. Fue una declaración.

Todos queríamos el arcoíris. Un mexicano campeón del mundo de ruta suena a película. No se dio. Ganó Brandon McNulty, que se fue solo 32 kilómetros y no lo volvió a ver nadie. Y aun así, no puedo dejar de pensar en cómo corrió el Torito.

Porque a su primer Mundial grande, con 22 años, Isaac del Toro no fue a esconderse en el bulto a ver qué le tocaba. Fue a atacar.

Subida tras subida, en ese Camillien-Houde que Montréal repite hasta quebrarte, apretó. Movió la carrera. Se plantó de tú a tú con los monstruos del pelotón. Y cuando McNulty se fue solo, él siguió peleando adelante hasta el final. Cerró 5º del mundo, a un segundo del podio. Un segundo.

Duele por lo cerca. Pero hay dos maneras de correr un Mundial. Una es esconderte y esperar que la suerte te acomode. La otra es agarrar la carrera con las manos y decidir cómo se corre. Él eligió la segunda. Y esa, a la larga, es la que gana.

Lo digo todo el tiempo en lo mío: no gana el más fuerte, gana el que lee mejor la carrera y se atreve a moverla. Del Toro se atrevió. A los 22, contra los mejores del planeta, a un segundo de subir al podio del mundo.

Eso no es un techo. Es un piso.

El arcoíris va a esperar. Y algo me dice que no mucho.

Ro