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Mente & Disciplina

6 min de lectura

La canción que no suena

En un Ironman no se vale traer música. Y aun así, suena.

Portada del artículo: la canción que no suena.
La canción que no suena por fuera, pero suena.

En un IM no puedes traer música. No es que no se estile, está prohibido. La regla lo dice con todas sus letras: nada de audífonos, música, en ningún momento de la carrera. Y con eso te penalizan o hasta te descalifican.

Si lo reflexionamos, entreno seis días a la semana, casi siempre con la misma playlist, en el mismo orden, durante meses. Y el día que de verdad importa, el día para el que existe todo eso, me la quitan. Justo cuando más la necesito, hay silencio...

O eso creía. Porque llevo varias carreras notando lo mismo: la música no se va. Llega el kilómetro 30, ese punto donde el cuerpo ya dio lo que traía y la cabeza se pone a negociar a 1000, y de repente aparece una canción. No la puse yo. Llega solita. Casi siempre la misma: "Beautiful Things", de Benson Boone. Suena adentro, no completa, medio rota, pero suena. Y me jala.

Un día dejé de tratarlo como casualidad. ¿Y si lo puedo provocar a propósito? Si me sé la playlist de tanto escucharla, capaz el día de la carrera la traigo en la cabeza aunque no la traiga en los oídos. Un mantra con beat...

Sonaba a choro que me contaba para aguantar. Así que me puse a investigar qué pez... Y sí lo es. Cada parte de la teoría tiene ciencia atrás, y aguanta más de lo que yo creía.

01

La canción se te queda, y no es casualidad

Las canciones pegadas las vive casi todo mundo, más del 90% de la gente. ¿Y qué las dispara más que nada? Escuchar algo muchas veces. O sea que meses de la misma playlist no son necedad mía, es instalármela sin querer queriendo...

Entrenando en el rodillo con la misma playlist, mes tras mes.
Meses de la misma playlist, en el mismo orden.

Y aquí está lo bueno para el día de la carrera: esas canciones surgen justo cuando la cabeza se suelta, cuando vas en automático y la mente divaga. Adivina cómo vas en el kilómetro 30. En automático total, o peleando vs. todo. Es el terreno perfecto para que la rola salga sola. Y como siempre la escucho en el mismo orden, una jala a la otra, igual que cuando no te puedes sacar una canción sin que arranque la que sigue.

02

Tu cabeza sí la toca

Imaginar una canción que te sabes no es cuento. El cerebro prende casi las mismas zonas que cuando la oyes de verdad, y va adivinando la nota que sigue. Hay un experimento donde ponen una canción conocida, la cortan de golpe, y el cerebro sigue tocando la parte muda solito. Rellena el silencio.

Y lo mejor para un atleta: cuando te imaginas música también se prende la parte del cerebro que mueve el cuerpo. No solo la escuchamos por dentro, nos marca el paso. Puede que no sea una grabación perfecta, parecería una reconstrucción endorfinada. Pero pega, y pega a veces más fuerte en la emoción que cualquier otro recuerdo.

03

Con música pesa menos, aunque no la traigas

En la bici, en posición aero, durante un entrenamiento.
El esfuerzo se siente menos. El cuerpo hace más con lo mismo.

De esto hay un chorro de estudios, más de cien juntos, y todos van al mismo lugar: con música rindes más, el esfuerzo se siente menos, y hasta gastas menos oxígeno. En uno subieron el trabajo hecho hasta 15%. Ojo, no es que te sientas más echado pa'delante nada más. Es que el cuerpo hace más con lo mismo.

¿Y lo que amarra todo con el "no se vale música"? Que el efecto no vive solo mientras suena. Escuchar tu música antes de arrancar ya te mejora lo que haces después. Y la que eliges tú jala más que la que te ponen. Que es, exactamente, lo que es una playlist de entrenamiento: meses cargándote con tu propia música. No la necesitas puesta. Ya la traes.

04

Un mantra compra kilómetros

Esta es la que más me gusta. Marcora, uno de los que más saben de fatiga en el mundo, hizo un experimento sencillísimo: puso a la gente a repetirse frases de aliento. Aguantaron casi 20% más antes de reventar. Y sintieron el esfuerzo más ligero.

Ese es el punto de todo. En resistencia no te paras cuando el cuerpo se acaba. Te paras cuando el esfuerzo se siente insoportable. El límite es lo que sientes, no el músculo. Baja lo que sientes y aguantas más. Una canción en la cabeza es justo eso, un mantra, pero con ritmo y con emoción ya adentro.

05

Es mi experimento, no una receta

Hace unos años Lucy Charles-Barclay publicó las 39 canciones que traía en repeat entrenando para Kona, y dice que las escuchaba una y otra vez. Nadie ha estudiado exactamente esto: grabarte una playlist meses para invocarla de mantra el día que la música está prohibida. Cada pieza por separado está comprobada. El combo completo, armado así, no. O sea que no es receta de laboratorio, es un experimento que te puede o no jalar. Y esto lo adopté, y al final es lo que hago con todo: veo que algo jala, entiendo por qué, y lo construyo a propósito en vez de dejarlo al aire.

Me falta lo más personal: por qué esa canción. "Beautiful Things" no es para agarrar vuelo, no es de gimnasio. Empieza bajita, casi frágil, y de repente explota. Y no habla de ganar. Habla de lo agradecido que estás por lo que tienes, y del miedo a perderlo. Ese es el kilómetro 30 en una canción: agradecido de que el cuerpo todavía pueda, y muerto de miedo de que se caiga todo antes de la meta. Por eso cuando aparece no me dice córrele más rápido. Me recuerda por qué estoy ahí. Que entreno con mi esposa. Que esto que duele es, en el fondo, un privilegio.

Así que no, en la carrera no hay música. Pero la canción suena igual. Y a veces la que no suena por fuera es la más fuerte que traes por dentro.

Arma tu playlist como si la fueras a necesitar en silencio. Y si no tienes una, aquí te dejo el mío. Porque el día que de verdad cuenta, la única música que vas a tener es la que ya te grabaste en la cabeza.

Ilustración de la playlist de entrenamiento como figuras coleccionables.
La playlist que entrenamos juntos.

¿Cuál es tu canción que no suena? Déjamela en los comentarios.

Ro

Por si te clavas, aquí están las fuentes: